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Patricia Moyano, a cinco años del primer grito Ni una Menos

En pos de construir una sociedad más justa e igualitaria, desde el espacio que hoy me toca ocupar dentro de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, formo parte de la Comisión de Género y Diversidad, una herramienta a través de la cual discutimos la realidad que atravesamos las mujeres y diversidades.

La situación de pandemia nos obliga de redoblar esfuerzos y mecanismos de lucha. Es de público conocimiento que desde el inicio de la cuarentena hubo un aumento significativo de denuncias a la línea 144, que brinda orientación, asesoramiento y contención a mujeres en situación de violencia de Género. Según indican fuentes del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, las llamadas crecieron hasta un cuarenta por ciento. A su vez, es alarmante saber que durante este período se registraron al menos treinta femicidios en territorio argentino, y que el asesino, en el cuarenta y cinco por ciento de los casos, fue la pareja actual. Esto visibiliza una vez más la problemática que el feminismo y el movimiento de mujeres viene
denunciando masivamente desde hace décadas, y releva la oportunidad histórica de construir políticas públicas eficientes y transversales que asistan e incorporen la mirada de mujeres, y las diversidades sexuales en todos sus ámbitos.

El colectivo Ni una menos, que hoy cumple 5 años, se ha convertido en significante de acumulación histórica y contemporánea de un movimiento de mujeres transversal, regional e internacional. Este movimiento social, plural y heterogéneo del cual me siento parte, logró que en poco tiempo, en cada hogar, sumado o no a la acción manifiesta, puedan identificarse pequeñas inequidades y violencias cotidianas que agravian las vidas de las mujeres y las diversidades.

Este Ni una menos no podremos estar en las calles para denunciar una vez más, con todas nuestras fuerzas, que Vivas Nos Queremos. A esta espeluznante realidad le debemos sumar la carga en las tareas de cuidado, por las cuales los distintos espacios de mujeres venimos luchando hace años en su visibilización y regulación, que hoy día son de 24 horas y la semana completa. Entendemos que la violencia machista también mata lentamente cuando coarta libertades, participación política y social, como la chance de soñar otros mundos, otras comunidades y vínculos.

Por ello, en sintonía con el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidades sostenemos que la distancia social NO es igual a la ausencia de redes de apoyo, acompañamiento y solidaridad.

Aun en tiempos de distancia física nos necesitamos cerca, tendiendo puentes de amor, contención y sostén para quienes nos necesitan.

Este 3 de junio, el reclamo se torna más vivo y necesario que nunca; una fecha que sella un compromiso con la construcción de un movimiento transversal y poderoso, hecho de redes políticas de afecto y solidaridad.

Hasta que podamos volver a abrazarnos en las calles seguiremos unidas por la construcción colectiva de un Estado y Sociedad que termine con la violencia hacia las mujeres. Mientras tanto continuamos trabajando para impulsar políticas que incluyan la perspectiva de género y todas
sus voces.



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