Se cumplen 70 años de la Creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica

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El 31 de mayo de 1950 Perón firma el decreto de creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y nombra a González secretario general. La CNEA dependería directamente de la Presidencia de la Nación a través del Ministerio de Asuntos Técnicos, encabezado por el médico Raúl Mendé. Su objetivo es controlar la totalidad de las investigaciones atómicas. El decreto explícitamente afirma la orientación pacífica de la institución: “…que la República Argentina, despreocupada de toda intención ofensiva, puede trabajar en este orden de cosas también con elevado sentido de paz en beneficio de la humanidad”.

González había recibido opiniones escépticas de los físicos Isnardi y José Collo y había intentado fiscalizar sin éxito los “avances” de Richter. Gaviola se retira a la actividad privada y Beck es reclutado por el gobierno de Brasil, renuncia y abandona el país. En febrero de 1952 la renuncia de González, en protesta contra Richter y su falta de resultados genera el nombramiento en su lugar del capitán de Fragata Pedro Iraolagoitía, antiguo edecán de Perón. Esto significó el paso del sector de energía atómica, hasta entonces dependiente del Ejército, a manos de la Armada. Durante las siguientes tres décadas, oficiales navales estarán al frente del área nuclear. Pionero de la Antártida, avezado aviador naval, Iraolagoitía comanda el primer vuelo en la historia mundial que une el continente con la Antártica, consolidando la posición argentina en el continente blanco.

Rápidamente, con los informes negativos de José A. Balseiro – convocado de manera urgente de Inglaterra, donde se halla realizando un perfeccionamiento, expresamente para integrar la comisión evaluadora-, Mario Báncora y otros miembros de la comisión, convencieron a Perón de cerrar el Proyecto Huemul. Balseiro se queda en la Argentina y es nombrado jefe del departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. En 1954, pasa a prestar servicios a la Comisión Nacional de Energía Atómica y asiste, en Bariloche, al Primer Curso de Verano sobre Reactores y Física. Las instalaciones y equipos del fallido proyecto pasan a integrar el “Instituto de Física de Bariloche” (hoy “Instituto Balseiro”). Balseiro juega un rol importante en la creación del instituto y es su primer director.

El camino ya está trazado y el saldo será de tres reactores de potencia, hoy en funcionamiento (Central Nuclear de Embalse y Atucha I y II), la construcción y operación de reactores de investigación (el primero de Latinoamérica), el manejo del ciclo de combustible nuclear, dominando para ello el enriquecimiento de uranio, el diseño y comienzo de la construcción del reactor CAREM (primer reactor nuclear de potencia íntegramente nacional), el reactor multipropósito RA-10 en construcción (y otros nueve reactores de investigación en funcionamiento), el desarrollo de la medicina nuclear y la provisión de radioisótopos para su uso en el área de salud, tanto para diagnóstico (con radioisótopos tales como el Carbono, Iodo y Molibdeno, llamados “trazadores”, a través de los cuales se puede conocer el funcionamiento de determinados órganos), como para el tratamiento (mediante radiaciones ionizantes que son utilizadas para destruir lesiones cancerosas, exponiendo al tumor a dosis procedentes de fuentes de radiactividad externas con equipos de rayos X, radioterapia con fuente de cobalto-60 o internas, braquiterapia, radioterapia metabólica) y los proyectos de enriquecimiento por centrífugas y por láser, además de la extensa formación de recursos técnicos y científicos para el país en sus tres centros de formación superior de alta excelencia. Sus laboratorios abarcan desde la nanotecnología a los satélites, pasando por la producción de combustible nuclear y la tecnología láser avanzada.

Las tecnologías que, a 70 años de su fundación, la CNEA ha puesto en manos de la Nación Argentina, nos colocan a la vanguardia del desarrollo tecnológico contribuyendo de manera significativa a nuestra independencia y soberanía. El sueño de aquellos visionarios se ha plasmado en la institución científica más importante del país.

Por Alejandro Álvarez 8H): Profesor de Historia Económica (UBA y UNlaM). Fue asesor de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación.
Fuente: infobae.com